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lunes, 7 de abril de 2014

CARTA A MICHELLE PFEIFFER

Querida Michelle: tus palabras e hace unos días... Me trajeron a la memoria estas palabras.  Fue en La Habana.
Me hicieron recordar un tiempo magnífico. Re-cordis: volver a pasar por elcorazón 
Un abrazo.
Plinio.

...Nada hay tan poderoso ni tan libre como la palabra. La palabra es un arma invencible: mantiene a raya a los enemigos de la libertad, a los felones, a los tiranos...
Con la palabra transformamos el mundo, creamos universos nuevos, construimos océanos y utopías. Con la palabra podemos derrocar tiranías y poner cimiento a las verdades. 

Enamorar.  
Con la palabra.  

La palabra es la primera en ser perseguida, porque desvela, descubre… subvierte:  transforma.
...

La palabra es compromiso -dice Ana María Matute. -Pongo mi Literatura al servicio de los que nada tienen, de los que sufren, insiste la autora de Olvidado rey Gudú o Primera memoria. Y al afirmar esto, recoge el sentir de Cesare Pavese: La Literatura es la defensa contra las ofensas de la vida.

La palabra, así, se nos hace concreta, carne, vida: por eso estremece.
...
Derrotada la República española, la "Edad de Plata", de nuestra Literatura renació décadas más tarde cuando miles de latinoamericanas 
y latinoamericanos  huyeron de las dictaduras de sus países. 
...

Julio Cortázar, García Márquez, Eduardo Galeano, Onetti, Benedetti, Sábato, Roa Bastos, y tantas y tantos otrós nos regalaron sus mejores palabras, sus mejores libros, sus sueños y esperanzas. También sus mejores años.
Seguian así la tradición de aquella intelectualidad que acudió en defensa de nuestra República: Pablo Neruda, Octavio Paz, César Vallejo
Todas. Todos somos las palabras con las que nos expresamos. 
Por eso, cuando decimos Libertad, Igualdad o Fraternidad, estamos diciendo Institución Libre de Enseñanza, María Zambrano, Giner de los Ríos, Escuela Nueva, Ferrer i Guardia, Justicia Social, Izquierdos y Derechos Humanos


Nuestra memoria está cimentada en la pasión, los anhelos y el sufrimiento de cuantos soñaron y soñamos  un mundo más justo y más libre: más igualitario. A ellas y ellos les debemos un respeto, un mundo digno. La búsqueda de la verdad.
...
Por eso enarbolamos las palabras que somos: para transformar el mundo, para construir las utopías, para poner cimiento a las verdades.

Para atravesar océanos.
Para subvertir.


Para enamorar... Jesús Angel Remacha 

martes, 10 de diciembre de 2013

LA MEMORIA Y LA PALABRA -III- LA MEMORIA, UNA LLAVE.

NELSON MANDELA
.. Cada uno de los exiliados nos regaló una llave que abrió la puerta de un paraíso. Nos obsequió con un universo fascinante.
Con Gabriel García Márquez supimos de la violencia que, como la pólvora, se extiende a diario por toda Colombia. Más allá de la realidad, "Noticias de un secuestro", es un espejo aterrador en el que se refleja la violencia cotidiana.
Los poemas de Roque Dalton, "Las pequeñas historias del Pulgarcito", son la más clara radiografía de las injusticias de una sociedad como la salvadoreña, en la que 200 familias poseen casi toda la riqueza del país. 
No hay tratado sociológico que tenga la fuerza de sus poemas.
Juan Gelman "De palabra" o Julio Cortázar "Argentina, años de alambradas culturales" son la denuncia más diáfana de la terrible dictadura que asoló Argentina.
A Juan Gelman los milicos argentinos, le asesinaron a su hijo y a su nuera. Secuestraron a su nieta, dándosela a sus verdugos. Hace unos días en la recepción del Premio Cervantes de Literatura defendió el valor de la palabra, la dignidad de la memoria, frente a la cultura de la desmemoria y el olvido...
En España, hay ahora un movimiento que pretende recobrar nuestra memoria histórica. Queremos denunciar lo que supuso el franquismo. Recobrar los nombres escamoteados. 
Saber donde están enterradas las miles de víctimas de la dictadura.
Homenajear a “Las Trece Rosas o a los más de tres mil muertos en las tapias del cementerio de Este de Madrid. Tan sólo eso.
Todas y todos somos las palabras con las que expresamos, nuestros deseos, nuestros sueños. 
Nuestra memoria está cimentada en la pasión, los anhelos y el sufrimiento de cuantos soñaron un mundo más justo y más libre. Y a ellas y ellos les debemos un respeto, un mundo digno. La búsqueda de la verdad.
Por eso enarbolamos las palabras que somos: para transformar el mundo, para construir las utopías, para poner cimiento a las verdades.
JESÚS ÁNGEL REMACHA
Gracias, Nelson Mandela.  Gracias. 

lunes, 9 de diciembre de 2013

LA MEMORIA Y LA PALABRA -II- LA BELLE EPOQUE

...  Una época única, de una ilusión indescriptible, la época de nuestra República. Aquella de las Misiones Pedagógicas, de la Institución Libre de Enseñanza; una época preñada de quimeras y esperanzas. La época de la creación del mundo: la Belle epoque. Aquella época bárbaramente masacrada por el fascismo y por el silencio cómplice de las democracias europeas.
La memoria es el vehículo de la palabra. La palabra como arma contra los violentos, como defensa contra los abusos del poder, contra la impunidad. 
La palabra es compromiso dice Ana María Matute. Pongo mi Literatura al servicio de los que nada tienen, de los que sufren, insiste la autora de Olvidado rey Gudú o Primera memoria. Y al afirmar esto, recoge el sentir de Cesare Pavese: La Literatura es la defensa contra las ofensas de la vida.
Para relatar el horror nazi, para conocer la barbarie hitleriana que costó la vida a seis millones de judíos, (también hubo muertos comunistas, homosexuales y gitanos), el diario de Ana Frank fue una pieza clave.
Sin la voz angustiada de una niña encerrada en una buhardilla contando todo el horror del que es capaz el alma humana, el silencio; la cobardía; la ignorancia; los campos de concentración... quizás, hubiéramos corrido el riesgo de que todo el horror nazi se hubiera convertido en un dolor abstracto, en un dolor, meramente, aritmético.

Derrotada la República española, la "Edad de Plata", de nuestra Literatura renació décadas más tarde cuando miles de latinoamericanos y de latinoamericanas huyeron de las dictaduras de sus países. En España, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano, Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Ernesto Sábato, Augusto Roa Bastos... nos regalaron sus mejores palabras, sus mejores libros, sus sueños y esperanzas. También sus mejores años.
Seguían así la tradición de aquella intelectualidad que acudió en defensa de nuestra República: Pablo Neruda, Octavio Paz, César Vallejo...Cesar Vallejo el gran poeta peruano, que exclamó, al ver a la República, herida de muerte:

"Niños del mundo,
si cae España,
digo, si cae,
-es un decir,-
id corriendo a salvarla"

En España, hay ahora un movimiento que pretende volver a taparnos la boca, a denigrarnos,  a enterrar nuestros derechos, nuestra memoria, nuestra dignidad. Su símbolos es una gaviota y stan en el gobierno.
Todos somos César Vallejo. todos Somos nelson Mandela. 
Todas y todos somos las palabras con las que nos expresamos. Por eso, cuando decimos Libertad, Igualdad o Fraternidad, estamos diciendo Justicia Social, Memoria, Dignidad, Respeto. 

Nuestra memoria está cimentada en la pasión. Venceremos, amor. No pasarán.    JESÚS ÁNGEL REMACHA

domingo, 8 de diciembre de 2013

LA MEMORIA, LA PALABRA -I-


Nada hay tan poderoso ni tan libre como la palabra. La palabra es como la honda del rey David- decía Anatole France: tira por tierra a los violentos y derrota a los tiranos. La palabra es un arma invencible: mantiene a raya a los enemigos de la libertad, a los felones, a los tiranos...
Con la palabra transformamos el mundo, creamos universos nuevos, construimos océanos y utopías. Con la palabra podemos derrocar las tiranías y poner cimiento a las verdades.
La palabra es la primera en ser perseguida, porque desvela, descubre… subvierte: es definitiva: transforma.
La palabra fue la que llevó al exilio y la muerte a los mejores escritores y escritoras españoles. A las maestras y maestros republicanos represaliados, depurados o fusilados por el franquismo. La palabra fue también la que expulsó de sus países a una toda una pléyade de escritores y escritoras latinoamericanos.
Contra la infame dictadura, del general Franco, brillaron con fulgor las palabras de Rafael Alberti, María Teresa León, Max Aub, Luis Cernuda, José Bergamín, Pedro Salinas, León Felipe, María Zambrano, Pedro Salinas, Rosa Chacel, Clara Campoamor y tantos y tantos hombres y mujeres que conformaron la “Edad de Plata” quizás la Edad de Oro de las Letras españolas...
.. Decía estas y otras palabras en un Encuentro de Educadores en La Habana. Palabras, que recuerdo hoy, cuando muere Mandela, cuando te 
recuerdo más intensamente que nunca, cuando de nuevo quieren taparnos la boca.
No me la taparán, no callare. No calláremos. También es cierto que asesinaron a Yolanda González, a los abogados de Atocha... que Enrique Ruano y José Luis Cancho, fueron torturados en una comisaría...
No. Me cerrarán la boca. Me seguiré manifestando. Hasta ahí, podíamos llegar. Seguiré ejerciendo mis derechos, a pesar de vuestra mordaza, de vuestras leyes... de vuestras amenazas. Jesús Angel Remacha 

lunes, 17 de junio de 2013

MEMORIA DE LA HABANA. PARA ANA


He pateado sin descanso, los olores preferidos de mi Habana: el campo de Marte, el populoso Barrio Chino y el Paseo del Prado. Camino con mimo esta ciudad que siempre me parece nueva No me cansaría nunca de habitarla, aunque ahora esté llena de turistas y ya no escuchen, apenas, las canciones del Che.
Es la ciudad de mis sueños. Quizás sea ella mi alma gemela. Quizás mi alma gemela esté aquí. Camino lleno de luz, asombrado por la mezcla de colores, de razas, de músicas, de cuerpos, de ritmos…
Hoy me he dejado llevar por mi propio instinto y me he perdido. Mis pasos me han llevado por calles llenas de luz que desconocía.

Me perdí, callejeando, me perdí. O me encontré. Por que mis pasos me descubrieron una ciudad multirracial, caótica y colorista, llena d vida, de música de un ritmo vital, de aguadores, de afiladores, de mulatas, de más mulatas, de chinos, de salsa, de maní, de olor a carne asada, de casas abiertas de par en par, de casas, de calles inmensas sin un solo coche, sin bicis, sin prisas, sólo de gente que viene y que va.

Llenas de bicis, pletóricas de ñus, ron, de sexo a raudales, sensuales y luminosas, de parejas que se aman y se abrazan y se besan sin tiempo y sin miedo al tiempo. De mujeres ardientes y hombres más reposados.De calles inmensas repletas de columnas barrocas, coloniales y de otras columnas que caminan las calles. Rostros del negro yoruba, rostros del negro bien negro. Calles mulatas, calles negras, calles blancas.
Me pierdo y dejo me dejo perder y dejo que mi alma quede cautiva, enamorada. De nuevo enamorada. De nuevo rendida. De nuevo.
Recojo los colores que te prometí. Creo que he sido un buen lazarillo.
Un paseo final, antes de la última noche. Un paseo de seis kilómetros. A la derecha el Caribe y las habaneras, quietos, mirando el mar, hablando, susurrando, charlando en voz baja, Escuchando música. 
Habaneras dormidas, habaneras que abrazan, que rodean y envuelven al amante. Que no se detienen, que lo envuelven en su cuerpo y quedan, amándose, como suspendidas en un instante de eternidad. Me detendría acaso a cada paso, Me gustaría meterme en su mirada, en su alma, saber…
Pero prefiero caminar despacio, dejar que la vida me desborde y me arranque, que la arrasadora utopía de la vida entre en mí. Hay grupos y parejas. Familias y amigos…
Y una mujer, una muchacha sola. Viste una cazadora verde o azul, -mis ojos en la noche no valen casi nada-. En esta noche tan hermosa ella está como aislada.
Mi mirada se detiene en la suya apenas un instante. Esta sentada. Bebe un refresco de limón. Su mirada posee todos los ingredientes de lo que amo en La Habana.
Su mirada es tan nítida, que desvelo su alma. Abre los labios iniciando una sonrisa, llena los pulmones de aire y me mira.
Sus ojos brillan más que ningún otro. Y en ese intervalo de cinco pasos en los que nos miramos. Me cuenta con  sus ojos una historia. (Una historia que Plinio no puede contar.)
Sueño con ella, pero, cuando despierte, ya no estaré aquí. Volveré esta noche a verla, después de todo. Y simplemente repetiré ese mismo gesto.
Mañana, tengo que regresar, aunque mi alma demore semanas o meses en hacerlo. Quizás nunca regresé del todo. Por eso amo La Habana, Quizás. Sólo quizás.  JESÚS ÁNGEL REMACHA

domingo, 13 de enero de 2013

CARPE DIEM


CARPE DIEM

martes, 12 de julio de 2011

ISLA DE ROJO CORAL

Por el mar de ls Antillas
anda un barco de papel.
Gracias siempre barbudos
siempre gracias. Fidel.
Anda y anda el barco, 
barco sin timonel.
Gracias siempre barbudos, 
inolvidable NIcolás Guillén.

Releo Songoro Cosongo, 
recito a la Sensemayá
de La Habana a Portobello
y de Jamaica a Trinidad.
Anda y anda el barco
barco, sin capitán.
La ciudad de las columnas
el Malecon y más allá.,

Un cañon de zucar, zucar 
contra el barco disparó
Y la luz de las Antillas
le respondió:
Ay, mi barco marinero,
con su casco de papel
Ay mi isla coral y roja
de Carpentier.

Por el mar de las Antillas, 
anda un barco de papel.
Gracias siempre barbudos, 
inolvidable NIcolás Guillén.


Nicolás Guillén 109 años.
Y yo cincuenta y tres
Jesús Ángel Remacha


lunes, 18 de abril de 2011

Bahía de Cochinos. Cochinos extraordinarios

Por alli vinieron...
Me gusta La Habana: sus olores y sus mulatas. El maní y  el daiquirí (rebelde). Gracias Heminway. Me gustan sus mojitos y el malecón. La Habana Vieja.  Y en eso llegó Fidel.
Me gusta hacer submarinismo en Bahía de Cochinos. Leer a Lezama Lima o a Alejo Carpentier. Me gusta Hablar con Titén o Irene. Besar a Deyanira... Perderme en cualquier calle, en cualquier música, en cualquier de aquellos cuerpos. Y en eso llegó Fidel
Me gusta que FIDEL, siga así... y que aquellos cochinos extraordinarios, naufragaran en aquella hermosa Bahía de Cochinos. Hoy hace 50 años. (Mercenarios, yanquis, baptistas y otros canallas al uso quisieron impedir que Cuba eligiera su destino). La historia siempre nos absolverá. Por el mar de las Antillas anda una isla que con sus luces y sus sombras marcó un tiempo, una época, un sueño. Y en eso llegó Fidel.
Muchos errores, es cierto. Pero hay amores inolvidables. Muchos diarios de Bicicleta, CHE Guevara. Y En eso llegó Fidel. 
Un grano de maíz, la ciudad de las columnas, Santa Clara, Paradiso, Santiago... un unicornio azul, te doy una canción... ay... y en eso llegó Fidel... Jesús Ángel Remacha.
Mi Silvio Rodríguez. Tb. mi Pablito MIlanés. 

miércoles, 26 de enero de 2011

LA HABANA PARA ANA

La Habana para aprender a describir.
He pateado sin descanso, los olores preferidos de mi Habana: el campo de Marte, el populoso Barrio Chino y el Paseo del Prado. Camino con mimo esta ciudad que siempre me parece nueva No me cansaría nunca de habitarla, aunque ahora esté llena de turistas y ya no escuchen, apenas, las canciones del Che.
Es la ciudad de mis sueños. Quizás sea ella mi alma gemela. Quizás mi alma gemela esté aquí. Camino lleno de luz, asombrado por la mezcla de colores, de razas, de músicas, de cuerpos, de ritmos…


Hoy me he dejado llevar por mi propio instinto y me he perdido. Mis pasos me han llevado por calles llenas de luz que desconocía.

Me perdí, callejeando, me perdí. O me encontré. Por que mis pasos me descubrieron una ciudad multirracial, caótica y colorista, llena d vida, de música de un ritmo vital, de aguadores, de afiladores, de mulatas, de más mulatas, de chinos, de salsa, de maní, de olor a carne asada, de casas abiertas de par en par, de casas, de calles inmensas sin un solo coche, sin bicis, sin prisas, sólo de gente que viene y que va.
Llenas de bicis, pletóricas de ñus, ron, de sexo a raudales, sensuales y luminosas, de parejas que se aman y se abrazan y se besan sin tiempo y sin miedo al tiempo. De mujeres ardientes y hombres más reposados.
De calles inmensas repletas de columnas barrocas, coloniales y de otras columnas que caminan las calles. Rostros del negro yoruba, rostros del negro bien negro. Calles mulatas, calles negras, calles blancas.
Me pierdo y dejo me dejo perder y dejo que mi alma quede cautiva, enamorada. De nuevo enamorada. De nuevo rendida. De nuevo.
Recojo los colores que te prometí. Creo que he sido un buen lazarillo.
Un paseo final, antes de la última noche. Un paseo de seis kilómetros. A la derecha el Caribe y las habaneras, quietos, mirando el mar, hablando, susurrando, charlando en voz baja, Escuchando músic
Habaneras dormidas, habaneras que abrazan, que rodean y envuelven al amante. Que no se detienen que lo envuelven en su cuerpo y quedan, amándose, como suspendidas en un instante de eternidad. Me detendría acaso a cada paso, Me gustaría meterme en su mirada, en su alma, saber…
Pero prefiero caminar despacio, dejar que la vida me desborde y me arranque, que la arrasadora utopía de la vida entre en mí. Hay grupos y parejas. Familias y amigos…
Y una mujer, una muchacha sola. Viste una cazadora verde o azul, -mis ojos en la noche no valen casi nada-. En esta noche tan hermosa ella está como aislada.
Mi mirada se detiene en la suya apenas un instante. Esta sentada. Bebe un refresco de limón. Su mirada posee todos los ingredientes de lo que amo en La Habana.
Su mirada es tan nítida, que desvelo su alma. Abre los labios iniciando una sonrisa, llena los pulmones de aire y me mira.
Sus ojos brillan más que ningún otro. Y en ese intervalo de cinco pasos en los que nos miramos. Me cuenta con  sus ojos una historia. (Una historia que Plinio no puede contar.)
Sueño con ella, pero, cuando despierte, ya no estaré aquí. Volveré esta noche a verla, después de todo. Y simplemente repetiré ese mismo gesto.
Mañana, tengo que regresar, aunque mi alma demore semanas o meses en hacerlo. Quizás nunca regresé del todo. Por eso amo La Habana, Quizás. Sólo quizás.  JESÚS ÁNGEL REMACHA

miércoles, 9 de junio de 2010

ISLA DE ROJO CORAL

Este tipo tan impresentable es vuestro profe. Barbitas, gafas redondas, un mojito y una amante jovencísima que acaba de irse a cambiar. Janet está empeñada en que vayamos a cenar a La Bodeguita de Enmedio y a bailar al Palacio de la Música. Y a Janet no voy a negarle nada.
Pero este tipo tan impresentable al que ella llama Plinio, le pide un ratito para escribir. -¿Es que no te gusto?
No sé cómo explicarle que os voy a escribir a vosotras y vosotros: que aún no habéis nacido pero ya os busco. Que quizás ni vuestros padres se conozcan.
Pero me deja allí. Me trae un daiquiri rebelde. Y no hacer falta que me bese...
Alguien llega. Me ve escribiendo, mirando el malecón. Y me hace este dibujo. Llega Janet y se ríe. -¡Qué guapo estas! Tomamos varios mojitos y ya no vamos a cenar.
El malecón hierve de música. Janet me quita mis gafas y me besaaaaaaaaaaaaaa............

Empiezo a leerle aquella historia que escribí pensando en vosotros y que decía así: "Un día dentro de..."
Pero Janet... Jesús Ángel Remacha.

viernes, 7 de mayo de 2010

FRESA Y CHOCOLATE

SENEL PAZ escribió un libro magnifico titulado un rey en el jardín. Años más tarde un titán llamado Tomás Gutiérrez Alea dirigió una película conmovedora, entrañable, fresca y dura titulada FRESA Y CHOCOLATE. Tanto el autor de la obra como el director nos narran una historia en la que la amistad siempre vence a la intolerancia y los prejuicios.
Narra el encuentro entre David, un joven que ama la revolución y odia a los homosexuales, y Diego, un homosexual que detesta la revolución. Dos jóvenes a los que parece separar todo. pero que se encuentran en la encrucijada de ser ellos mismos. Mientras un mundo justo e injusto, fascinante y tormentoso al tiempo gira a su alrededor.
¿Por qué "Fresa y chocolate"? Por lo distintos que son los protagonistas, David y Diego. ¿Por qué "Fresa y chocolate? Por ese helado, el mejor del mundo, que se toman juntos en Copelia, una heladería del centro de La Habana
LO que quiero que hagas es bien sencillo. Que escribas una historia de amistad entre dos personas totalmente diferentes. JESÚS ÁNGEL REMACHA

sábado, 23 de agosto de 2008

VISTA DE AMANECER EN EL TRÓPICO. DESPUÉS. EPÍLOGO

Volveré a La Habana. No permitiré que vuelva a señalarme con el dedo y me advierta, públicamente, que he vuelto a abandonarla.
Volveré a La Habana. Si me quieres, si me conoces, si me percibes, si realmente te has enamorado alguna vez, sabrás lo que pretendo decirte.
Volveré a La Habana. Y, algún día, no regresaré. Me perderé allí o en Granada. Y tendreís que buscarme entre Atarfe y Fuentevaqueros. No muy lejos del Barranco de Viznar, de la Huerta de San Vicente, de Graná.
Si tienes paciencia y tiempo, y no me encuentras, irás a La Habana. Y allí me encontrarás.
(Tenemos un viaje pendiente juntos.)
Jesús Ángel Remacha –Plinio-

VISTA DE AMANECER EN EL TRÓPICO. ULTIMAS TARDES CON LA HABANA -XI-

He pateado sin descanso, los olores preferidos de mi Habana: el campo de Marte, el populoso Barrio Chino y el Paseo del Prado
Camino con mimo esta ciudad que siempre me parece nueva No me cansaría nunca de habitarla, aunque ahora esté llena de turistas y ya no escuchen, apenas, las canciones del Che.
Es la ciudad de mis sueños. Quizás sea ella mi alma gemela. Quizás mi alma gemela esté aquí. Camino lleno de luz, asombrado aún por la mezcla de colores, de razas, de músicas, de cuerpos, de ritmos…
Hoy me he dejado llevar por mi propio instinto y me he perdido. Mis pasos me han llevado por calles llenas de luz que desconocía.
Me perdí, callejeando, me perdí. O me encontré. Porque mis pasos me descubrieron una ciudad multirracial, caótica y colorista, llena d vida, de música de un ritmo vital, de aguadores, de afiladores, de mulatas, de más mulatas, de chinos, de salsa, de maní, de olor a carne asada, de casas abiertas de par en par, de casas, de calles inmensas sin un solo coche, sin bicis, sin prisas, sólo de gente que viene y que va.
Llenas de bicis, pletóricas de ñus, ron, de sexo a raudales, sensuales y luminosas, de parejas que se aman y se abrazan y se besan sin tiempo y sin miedo al tiempo. De mujeres ardientes y hombres más reposado, rostros del negro bien negro.
De calles inmensas repletas de columnas barrocas, coloniales y de otras columnas que caminan las calles. Rostros del negro yoruba, rostros del negro bien negro. Calles mulatas, calles negras, calles blancas.
Me pierdo y dejo que mes pierda y dejo que mi alma quede cautiva, enamorada. De nuevo enamorada. De nuevo rendida. De nuevo.
Recojo los corres que te prometí. Creo que he sido un buen lazarillo.
Un paseo final, antes de la última noche. Un paseo de seis kilómetros. A la derecha el Caribe y las habaneras, quietos, mirando el mar, hablando, susurrando, charlando en voz baja, Escuchando música
Habaneras dormidas, habaneras que abrazan, que rodean y e3nvuelven al amante. Que no se detienen que lo envuelven en su cuerpo y quedan, amándose, como suspendidos un instante de eternidad. Me detendría acaso a cada paso, Me gustaría meterme en su mirada, en su alma, saber…
Pero prefiero caminar despacio, dejar que la vida me desborde y me arranque, que la arrasadora utopía de la vida entre en mí. Hay grupos y parejas. Familias y amigos…
Y una mujer, una muchacha sola. Viste una cazadora verde o azul, -mis ojos en la noche no valen casi nada-. En esta noche tan hermosa ella está como aislada,
Mi mirada se detiene en la suya apenas un instante. Esta sentada. Bebe un refresco de limón. Su mirada posee todos los ingredientes de lo que amo en La Habana.
Su mirada es tan nítida, que desvelo su alma. Abre los labios iniciando una sonrisa, llena los pulmones de aire y me mira.
Sus ojos brillan más que ningún otro. Y en ese intervalo de cinco pasos en los que nos miramos. Me cuenta con siles su historia. (Una historia que Plinio no puede contar.)
Sueño con ella, pero, cuando despierte, ya no estaré aquí. Volveré esta noche a verla, después de todo. Y simplemente repetiré ese mismo gesto.
Mañana, tengo que regresar, aunque mi alma demore semanas o meses en hacerlo. Quizás nunca regrese del todo. Por eso amo La Habana, Quizás. Sólo quizás: JESÚS ÁNGEL REMACHA -PLINIO-

VISTA DE AMANECER EN EL TROPICO. AMAR A UNA DESCONOCIDA -X-

Plinio decide caminar por el malecón de La Habana. Muchas veces se detiene fascinado por tanta belleza.
Le vemos caminando con la mano derecha, prieta, sobre su estómago. Este simple gesto debe ayudarle a respirar y a contener la emoción.
Camina. Se para. Mira hacia el mar. Hacia el malecón.
Debe darse cuenta de que esta ciudad que tanto ama, aún es una desconocida, Si le miramos detenidamente advertimos, como es capaz de asombrarse incluso después de un leve parpadeo.
Alguien a quien ama profundamente, le sigue observando cada vez que le ve. Viene despacio. Vuelve a pararse. Mira el mar que hoy amenaza tormenta. Hoy no tiene quien le venda puros, ni PPG.
-El PPG, nos cuenta, fue la gran vedette hace algunos años. La viagra cubana, ariete contra el colesterol, antes de que occidente se volviera loco. Efectivo cien por cien.
El Che está `pr todas partes y las mulatas, menos mal también.
Esta mañana se ha llegado hasta la Plaza de la Revolución. Visita obligada al Che. Ha subido al memorial José Martí. Desde la terraza de cuarenta pisos ha divisado toda la ciudad. Del memorial, del Museo le ha gustado una frase. (A este Plinio le gustan las frases).
Se refiere a la importancia de las palabras y se parece mucho a la que un día, oyó a Cortázar, en Madrid.
Por la tarde ha paseado por el Campo de Marte y el barrio Chino. Se detiene en el paseo y escribe:
“Es mi última tarde en La Habana. Y ya tengp ganas de volver. He conocido esta ciudad de la mano de mis sobrinos. Con Dani, la he recorrido incesantemente desde el amanecer.
Con Angel he descubierto, sus ojos asombrados, su mente inquieta, su desmedido afán por desvelar el mundo.
Con Dani, ya adolescente, y tan parecido a Cortázar, él, recorrería incansable las calles de La Habana y de cualquier otra ciudad del mundo, cenando con Irene y Titén: -“Cuando vuelva a La Habana quiero ser como ellos, vivir como ellos, igual que ellos…lejos del hotel”
Ángel me pregunta todo de Cuba. ¿Quién es el Che? ¿Antes de Colón, quien estaba? Me pregunta sobre el dolor y el conocimiento, sobre las mulatas, sobre ti.

Me voy al Hotel Nacional. JESÚS ÁNGEL REMACHA -PLINIO-

VISTA DE AMANECER EN EL TRÓPICO. LA HISTORIA DEEL EMIR MOHAR -IX-

Cuenta Plinio en una de las leyendas, que un día escribió a Lidia, que en la ciudad de Ispahám, en Arabia, la del gesto de la muerte de Jean Cocteau, vivió una vez su majestad el emir Mohar.
Mohar fue un emir ambicioso, un mecenas deseoso de pasar a la posteridad. Un día Mohar mandó a criados y príncipes que partieran en la búsqueda de Mamberlán, el famoso arquitecto damasceno.
Mamberlan construyó para Mohar un castillo con forma de laberinto. El laberinto tenía siete puertas y cada puerta, después de espejos y pasadizos desembocaba en una amplia sala. Cada sala, cuidada hasta en los más mínimos detalles, representaba una de las siete ramas del saber. Decorada con piedras preciosas, rubíes y jades, cada sala era un fabuloso tesoro.
Pero para quienes sabían ver más allá de tanta magnificencia, también ocultaba una propiedad mágica. El laberinto, -cuentan que en él se inspiró Dédalo-, fue aclamado como una nueva Maravilla similar a los jardines de Babilonia o el Faro de Alejandría. Miles de viajeros de todo el mundo viajaron hasta Ispahám para contemplarlo. Y alabar a su arquitecto.
Cuenta Plinio que Mohar, mandó ejecutar a Manberlam, para evitar que el arquitecto desvelara las claves de su construcción. Y que Manberlam, precavido, pronunció un sortilegio en el mismo instante de su muerte, y que el laberinto se desvaneció en el aire.
Cuenta Plinio en otra de las historias que escribe para Lidia, aunque otras y otros las lean que, en las Antillas, hay una isla inusual: Cuba y que allí vivió un hombre llamado Argantonio con su hija.
Cuenta Plinio que la belleza de Soroa era tal, que acudían de todos los rincones el mundo toda una corte de príncipes, caballeros y piratas dispuestos a solicitar su mano y extasiarse con su belleza. Y, que, sin saber porqué, (pero es fácil adivinarlo) Soroa enfermó de melancolía. Y murió, joven y hermosa, de amor.
Y que su padre, Argantonio, apenado y roto por el dolor mandó buscar a Keramburo Oé, japonés, arquitecto, poeta… Que Keraramburo Oé trajo flores y árboles de todo el mundo: ceibas, mamey, dragos, baobabs malinches, robles… y miles de orquídeas de mil colores y formas diferentes.
Que con ellas construyó un jardín con forma de laberinto, un asombroso jardín resguardado en un rincón del paraíso desde el que Plinio escribe esta historia a Lidia, en esta mañana húmeda de julio… ...(Cuando Lidia vuela a Jerusalén)
No llovía en Soroa, aunque era palpable la humedad. Estaba tal y como la recordaba, húmeda y excitante, aunque no fuera tiempo de orquídeas.
Daniel, mi sobrino más parecido a Cortázar, me ayudó a hacer fotos arañas y orquídeas, de colibríes y otras flores desconocidas, mientras una guía genial nos explicada lo poco que quieren los cubanos a las suegras, y el origen de este jardín.
Me fascinó la historia de este padre que, trastornado por la muerte de su hija, decide invertir todas sus riquezas en la construcción de este jardín. Enseguida supe cómo iba a construir esta historia. Soroa sería la princesa que diera nombre a este jardín situado al norte de Cuba.
Cómo relacioné Soroa con el emir Mohar, con el laberinto, con Dédalo, es muy fácil de contar.
JESÚS ÁNGEL REMACHA -PLINIO-

VISTA DE AMANECER EN EL TRÓPICO. SE LLAMABA ANA. -VIII-

Me pediste que te contara la historia de Maite. Hoy, prefiero contarte la de Ana, la de Ana Isabel.
Ana (¡que le habré hecho a la vida para merecer semejante nombrecito!) fue alumna mía en el curso 1982. (Aún no había muerto mi padre)
Entonces era un joven delgado y rebelde (lo de la rebeldía aún me dura, en lo de la delgadez estoy). Trabajaba el texto libre de Freinet, tenía una imprenta en clase, un cuaderno viajero y nuestra aula estaba llena de carteles, canciones, fotografías, poemas…
Por supuesto, no teníamos ni libro de texto, ni exámenes y las notas las poníamos entre todos. Siempre, llegábamos a un acuerdo sobre lo que queríamos hablar o aprender. Por tanto, yo no siempre era el profe.
(Aún conservo aquel cuaderno, rojo por supuesto, en el que dejamos escritos nuestros sueños. (Nuestro diario, nuestras entrevistas y quereres,
Recuerdo, por ejemplo, como preparamos con mimo la campaña electoral de 1982, aquella en la que ganó el Partido Socialista. Como llenamos el cole de posters de todos los partidos, los mítines en clase, los candidatos reales viniendo a hablar con nosotros, nosotros haciendo de candidatos, la votación, las urnas… todo…
(En aquel entonces, yo vestía de blanco, tenía barba y era comunista) (Menos la barba…)
Fue una historia magnífica, el mejor de los años posibles. El curso en el que Ana se enamoró de mí.
Tuve problemas con su madre, recuerdo. Yo también estaba fascinado con aquella niña de ojos azules que me miraba con tanta atención.
En las fiestas de Navidad, vino guapísima, con su vestido largo, de color negro. -Bailas –me dijo. Toda la clase, (que ya sabía…) (toda la clase menos yo), estaba pendiente de lo que pasaba entre nosotros
-No puedo, intenté decirle. (¡Y mira que lo deseaba! ). Pero apenas iniciado la n, me abofeteó, una y dos veces en la cara.
-Eres imbécil
–me dijo, y no te enteras. (Nunca ha vuelto a pegarme ninguna otra mujer).
En aquellas navidades yo andaba leyendo un libro de Peter Hartling: Ben quiere a Anna. ¿Anna? ¡Vaya nombrecito! ¿Qué le habré hecho a la vida para merecer este nombre de mujer! Ben es un niño que enferma, cuando su amiga del alma, Anna, se va a vivir a otra ciudad de Alemania. Cree que las fiebres se las provocan la falta de su amiga, su amor.
En aquellas navidades, yo también enfermé y pasé la última gripe de mi vida. Ben se escapó de su casa para ver a Anna. Yo también necesité salir de Aranda y venir a Alcalá. Me imaginé que me encontraba con Ana. Y me la encontré.
Nada más bajar del autobús. En el balcón de su casa, Planta baja. Me sonrió feliz y a mí se me pasaron las fiebres. Pasó el tiempo, acabó el curso y dejamos de vernos.
Ella se marchó a un pueblo de Albacete y yo seguí en Alcalá. Durante años me llamó. Siempre a escondidas de sus padres. Siempre a las 12 de la noche. Nunca dejó que la llamara yo.
-Sigo enamorada de ti. Me quiero ir a vivir contigo.
-Pero Ana, eres menor de edad, no puede ser.


Me cambié de casa y de teléfono. Me hubiera gustado decírselo. Pero cómo… Ella lo hizo. Me sorprendió. Me emocionó. Me llamó muchas otras veces.
-Sigo enamorada de ti y ya no tengo trece años. ¿Es que no vas a hacer nada? Casi ni soy menor de edad. -Ana…
Sucedió un 3 de marzo de 1987. Yo estaba escribiendo, como ahora. (Me gusta escribir). Alguien llamó a la puerta: era Ana. ¿Te imaginas que sorpresa?
Venía también con un vestido negro. Con los limpios ojos azules de siempre. ¡Qué guapa estaba! El corazón me dio un vuelco.
Ana entró en casa.

¿Tienes aquella canción de Neruda? (Se refería a Tu risa de Los versos del capitán) -Me enamoraste con esa canción y con tu manía de hacernos escuchar Yolanda. (Ay, Pablito) Me reí. -Pero, Ana…

-Felicítame, es mi cumpleaños:
(Yo aún no sospechaba nada) -Felicidades Ana.
-¿No vas a regalarme nada? -Lo que tú quieras, Ana. -¿Me lo prometes? -Ye doy mi palabra. -Quiero acostarme contigo. Y no te gadas el loco. Me lo debes.
-Ana…
-Eres el mismo imbécil de siempre. Hoy cumplo dieciocho años. Ya no soy menor de edad y quiero acostarme contigo. ¿Qué excusa vas a ponerme esta vez?
.Ana, yo…

No me dejó acabar la frase. Literalmente, se tiró encima de mí. Me beso, me acarició, y perdido en sus brazos, en su cuerpo de ángel me dejé llevar. (Fue una tarde, una noche de luna llena, la tercer luna llena del año: la de la brujería.)
-Siempre supe que aprobaría esta asignatura contigo, profe. -Ana…
Ana desnuda. Durazno y magnolia se echó a reír.
Volví a ver a Ana muchas veces más. Volvimos a amarnos. Siempre llegaba por sorpresa a casa. Mi corazón siempre daba un vuelco al verla. Y ella si disimularlo se reía de mí.
Pasados varios años me encontré con Rosa.
-¿Sabes que Ana se ha casado –me dijo, con un hombre más mayor que ella?
-Se cansaría de mi pensé. De esperarme. Quizás decidiera que quería andar su camino.
A veces busco su nombre en alguna guía, en algún padrón, en algún sitio. En vano.
Necesito sabe que sigue viva. Me gustaría. No encuentro su rastro. (P- ero la ventana en la que hablé con ella, lleva meses abierta). JESÚS ÇANGEL REMACHA -PLINIO

VISTA DE AMANECER EN EL TROPICO. MI OJO IZQUIERDO -VII-

Las puertas de la catedral están abiertas, pero sus bancos están vacíos. Antes entraba la gente para resguardarse del sol. Otros huyeron de la catedral cuando vino Juan Pablo II.
Llevo cinco horas caminando y me he detenido, aquí, a descansar un rato. Una orquesta chica, un grupo toca salsa, tomo una Bucanero y dejo que el aire que desde hace dos días me rodea, me siga abrasando.
Hay muchos turistas despistados. En laa mesa de al lado, de la que nos sentamos tu y yo se ha sentado una pareja. Ella es negra bien negra y jovencísima. Lleva una camisa verde de tirantes, pantalones vaqueros y un pañuelo azul anudado a su pelo. Es muy bonita. Lleva muchos pendientes y colgantes. Y unas gafas de sol en el pecho.
Él es español o italiano. Da lo mismo. Blanco, gordo y calvo. Tan mayor que parece su padre. Pero no lo es. Ni esas son sus intenciones. Y esa sonrisa tan bobalicona.
Ella permanece en silencio y bebe su jugo de mango con avidez. Está nerviosa. El día se oscurece y la tarde se llena de turistas y mi ojo izquierdo, tan loco y estrávico, ve lo que no debe ver.
Joder: pensé que esto se había acabado. Que ya no existía. No soporto ni a pedófilos ni a pederastas. -¿Cómo puede alguien encamarse con su propia hija? Hubo un tiempo en el que me ofendí. Hubo un tiempo en el que me sentí ofendido.
Ellos, los vencedores, los caínes sempiternos, señalaban que el fracaso de Cuba es que había vuelto la prostitución. ¡Tanto Fidel para nada! ‘tanto Fidel para tanto!
Los que cuando la mano señala la luna, sólo se fijan en el dedo… y sin embargo:
*Es sólo el fracaso del rey que se acuesta con Delgadina, su hija;
*El del otro rey que se desentiende de Blancanieves,
*El que consiente que sus hijos se mueran de hambre – o los devora.-
Ya en la Biblia, en el Antiguo Testamento se cuenta alaa historia del rey David que consintió que su hijo mnón o Turquinio violara a su hermana Tamar.
Hace casi quince años, una muchacha se enamoró de mis gafas. (Sucedió en Santiago de Cuba). Eran pequeñas y redondas, como las del beatle aquel. -Si me las regalas, me acuesto contigo –propuso. Y anduve el resto del mes a tientas. (La verdad es que se las mandé desde España).
Ahora, cuando veo a este tipo y tengo ganas de vomitar.

Tampoco soporto la hipocresía. Occidente se rasga las vestiduras, porque alega que hay jineteras en Cuba. ¡Vaya nombrecito! pero se tapa la nariz ante el burdel en el que se ha convertido Europa, Ante las violaciones de los soldados de la ONU o los EE.UU allí dónde están, Ante la existencia de la cárcel de Guantánamo, Ante la muerte diaria por hambre de más de cuarenta mil niños…
No hay jineteras, hay mujeres humilladas, que tienen que taparse la nariz y alquilar su cuerpo.
Durante la hora que estuvo allí no habló ni una palabra. Ni un gesto. Se fumó un cigarro mirando a la catedral. Fui incapaz de dejar de mirarla. Lo hice con discreción. Pero subyugado por su tristeza. Pero ella, se dio cuenta. Y disimuladamente me miró alguna que otra vez.
(Y cuando aquel tipo selevantó y entró en bar), Ella se levantó y se acerco a mí. -Que escribes. –Me gustas, algo sobre ti
Quedé en enviárselo y es lo que hago ahora. El italiano regreso. Y ella se fue con él. Me tiró un beso fugaz con la mano. Y yo me quedé pensando en lo patéticos que resultan algunos tíos, que yo qué sé lo que se creen. JESÚS ÁNGEL REMACHA -PLINIO-

VISTA DE AMANECER EN EL TRÓPICO. DESDE LAS ANTILLAS, VOLÓ... -VI-

Titén: me escribe una nota: “Plinio, este proyectil perteneció a un barbudo del ejército rebelde que combatió en la Sierra Maestra junto a Fidel”.
Fíjate, yo que soy pacifista hasta la médula, que no comparto ni canciones ni razones de guerra, que desde que era joven me he manifestado contra todas las guerras, ese proyectil, me emociono como un niño.
Ángel González lo dice en aquel poema memorable: Desde las Antillas / voló un día tan alta / que su sombra cubrió pueblos enteros / acarició los montes y los ríos / cruzó sobre las olas / saltó a otros continentes / parecía…
Cuba para quienes vivimos la pesadilla del franquismo era una liberación, la isla mágica. Era un juego de niños, una canción que cantábamos para conjurarnos de aquella España tan gris y tan rancia.
(En el río, a la sombra de los árboles, debajo de aquel cine abandonado, que semeja la quilla de un barco que no puede zarpar, cantábamos (teníamos una guitarra y la suerte de saberla tocar):

Fidel, Fidel ¿Qué tiene Fidel? Que los americanos no pueden con él. Franco pidió a Fidel dinero para el Seminario (bis)Y Fidel mandó a Francocuras revolucionarios (bis). Fidel, Fidel ¿Qué tiene Fidel? Que los americanos no pueden con él.

Este proyectil, esta bala es aquella parte de aquella sombra, una palabra enamorada. Don Antonio Machado le cantaba a Lister. El mítico general del V Regimiento. Si mi pluma / valiera tu pístola.
Yo no digo tanto, pero sé que esta bala que guardo en mi mano, y que, por tanto, no causó muerte alguna es parte de ese sueño. Es la memoria de los barbudos, la vista de un amanecer en el trópico, mi niñez del 68.
No dispararía ni una palabra que causara daño, pero la diría si al no decirla, aún causara más dolor.
Hemos conocido a Titén y a Irene en este viaje. Son una pareja encantadora. Les traemos un regalo de Belén. Su conversación es reposada, pero para mí es vital. Trato de saber cómo está La Habana ahora. Como vive Cuba, sin Fidel al frente. El futuro de la isla. Las normas liberalizadoras de Raúl.
No hablamos de los mitos. Hablamos de personas concretas. De Robertico Robaina, de Pérez Roque, de Carlos Lage. Yo quiero saber cómo es el día a día en la isla. Cómo es la aventura de comer, la aventura de vivir cada día.
No hay asomo de crítica en mis palabras. Respeto demasiado los países a los que viajo y a las personas que viven en él. Quiero decir, que me gusta empaparme del lugar al que voy, al que viajo. No me gusta juzgar un lugar comparándolo con el lugar en el que vengo.
Hablamos de cosas como la libertad. El derecho a la libertad. De la libertad de pensamiento. De la libertad de viajar. (Me comentan su viaje de tres meses por España. Su viaje a Canadá)
Disfruto con la emoción contenida, cuando me cuenta lo que sintió cuando Fidel y los barbudos entraron en La Habana. Titén ya era un joven revolucionario. Habló de la dictadura de Batista. Pone tanta emoción en describirme como era La Habana en enero de 1959, que a mí no me cuesta nada imaginármela. Me doy cuenta de que me está contando imágenes conocidas. Son las mismas que vivió España con la llegada de la República. La ilusión desbordada, las caras alegres, las calles a rebosar.
Son las mismas que viví en Nicaragua. Las mismas que medio mundo sintió cuando el viejo Somoza subió la escalerillas del avión, llevándose consigo las riquezas de todo un país y el cadáver de su padre.
Sigue hablando con emoción. Agradece un escrito mío “Yo me quedo” en el que hablaba de estas cosas.
-Soy comunista –le explico. Y para mí construir una sociedad libre y crítica es lo más importante. Hay muchas cosas que me disgustan profundamente de esta Revolución. Venir aquí me llena de contradicciones. Pero también de ternura.
Miro Cuba desde Cuba, desde España, desde Latinoamérica. Intento ponerme en la piel de los que viven aquí o en Estelí. Intento saber cómo es la vida a diario en esta ciudad o en cualquier otra de Uruguay o Guatemala.
Que suponen para ellos palabras que yo adoro (también te adoro a ti) como Ciudadanía, Fraternidad, Igualdad…
Titén e Irene sacian mi curiosidad. Pero con esto del saber ya se sabe, cuánto más conozco, más ganas tengo de saber.
Anoto en el cuaderno que me regaló Lidia. Cosas que me inquieten, que me preocupan, que no quiero que se me olvide hablar con ellos.
Me gusta su mirada. Es como una ventana abierta. –Tenemos que hablar de la revista Bohemia, de Camilo, de Haydeé Santamaría. Del futuro de Fidel. En eso quedamos. JESÚS ÁNGEL REMACHA -PLINIO-

VISTA DE AMANECER EN EL TRÓPICO. VIAJE A LA MEMORIA -V-

Es esta la ciudad en la que soy feliz, La ciudad con la que mi alma se identifica, la que reconozco como las líneas de mi mano. La ciudad cantada por Alejo Carpentier. El lado frío de la almohada. Lástima no tener aquí el libro de Belén Gopegui.
Es la ciudad en la que conocí a Dios y era una mulata cantando en un bar de la Plaza de Armas. Es la ciudad que habito y me habita. La isla de mis sueños. La isla de rojo coral.
Es un día de reposo. Daniel y Ángel se fueron a Viñales. Yo me quedé aquí con la excusa de que ya había ido. (Era cierto). Quería verte.
Me gustan las pinturas naif, y mi casa está llena de ellas. –Quiero ver tus cuadros, -te dije a modo de excusa cuando la llamé.
Me gustó la otra tarde. Me gustó su caminar sin `prisas, su conversación. Me gustó que no me hiciera creer que era el hombre de tu vida. (Aquí ya me ha pasado varias veces).
La esperé ansioso enfrente al Centro Cultural español. Me senté a esperarla. Y mientras lo hacía, escribí. (Y recordé, y mis miradas se cruzaron con mis miradas de antes).
Anoto rápido en el cuaderno estas ideas que no se me escapen: (la veo venir):
*Mi mirada cambió, para siempre, cuando llegué aquí. / *No sé, sin mi Habana, te hubiera conocido. No sé, si sin ella, me hubiera acercado a ti. Vine a La Habana convencido y volví enamorado. *Toqué con mis ojos las esquinas del paraíso. Y, entré en él. *Marta me dijo que aquel extraño no era yo –Tus ojos, te delatan. *Atravesó mis ojos y se me metió en el alma. (-Lo mismo me pasó contigo). Y entonces era diciembre.
Vas llegando a mi lado. Desde lejos me sonríes y te sonrío. (Mi miopía acecha, mi ojo derecho ciego también. Pero mi ojito izquierdo…)
Me besas y te beso. Pero más me dejo besar. (No traes carpeta alguna). Me das la mano, la entrelazas en la mía. Caminamos hacia la Plaza Vieja, no muy lejos de la catedral. Hace sol, a pesar de ser tan de mañana. -No es muy pronto para que me invites a una cerveza, verdad?

Tus palabras tienen alas. Me queman. Ridiculizan mis contradicciones y mi manera de pensar. Revitalizan mis presagios. Y ponen cimiento a mis esperanzas. Mis verdades, ninguna, se esfuman. A lado me siento vivo.
Fidel. Siempre Camilo. Fran País. –A tu lado me siento viva. Y aquí me llaman gusana.
Fidel. Siempre Camilo. Haydeé Santamaría. -A tu lado me siento libre. Y allí me llaman radical.
-Tengo frío. Y hacía un sol tropical. Yo me hago el loco. -¿Quieres otra cerveza?. Me levanto y saludo a Eusebio Leal. Con el rabillo del ojo sé qué me mira. (Conocí al historiador de La Habana en 1986. Fue en el pasillo de la universidad.)
Eres linda y yo me veo lindo. Mientras me hablas, me fijo en tus ojos, pero cuando llevas la cerveza a tus labios me rindo. Y sé que ahora soy yo el que te va a besar. (Quizás ya no sea la primera cerveza)
Siento como tus ojos me entran, como se apoderan de mí, como me invaden. La conversación se pierde por derroteros imposible que soy incapaz de recordar. Me hablas de venir a la vieja Europa. –Los impresionistas, Durero, París, Roma… ¡cuánto me gustaría viajar. Vamos de la mano. Me llevas por calles que no conozco. Pero sé que estoy en esta ciudad. Te recito un poema de Oliverio Girondo. Y sé que eres de esas mujeres que saben volar.
Tu casa es bonita. Sencilla. Pequeña. Dos mecedoras, una televisión inservible. Varios Cds. Cuadros. Fotos. Carpetas. Y una cama pequeña, acogedora, ordenada…
(Me regalas un cuadro pequeño, que miro ahora en Alcalá. Unas casas amarillas con balcones azules. El mar a lo lejos. Gentes detenidas, gentes que van. –Es Trinidad -me dices entre risas). (Yo te regalo mis recuerdos de esa ciudad).
Pasan las horas como un relámpago, como una tormenta. Subimos una montaña y luego otra y luego otra. El tiempo se ha detenido. El mundo no existe. Y una montaña más.
(Visitamos Soroa, los jardines de Babilonia, ascendemos al Machu-Pichu, cruzamos el desierto de Aracataca bajo el sol, las cataratas del Niágara, bajamos al Benito Moreno y nadamos desnudos en el río Perfume).
Según cuentan las leyendas alguna vez fue posible tanta felicidad. Me abrazas para detener el tiempo. Me quemas de tal modo, que me hecho a llorar. Cuando me das el último beso, sé que esta vez, no voy a resistir la tentación de quedarme. O de irme con el alma rota otra vez.
(Te veré mañana)
JESÚS ÁNGEL REMACHA -PLINIO-

viernes, 22 de agosto de 2008

VISTA DE AMANECER EN EL TROPICO. POR EL MAR DE LAS ANTILLAS. -IV-

Hoy hemos venido a las Playas del Este. Tú no querías, pero al final te he convencido de que dejáramos las columnas y los soles de La Habana y nos viniéramos aquí. –Hay tanta gente, que no te reconocerán ni las piedras.
Alquilamos un coche. Cruzamos la ciudad por el este; atravesamos un mítico túnel bajo el río, dejamos atrás la ciudad deportiva que construyeron para los Juegos Panamericanos de 1990; las construcciones llevadas a cabo por los soviéticos… parajes de ensueño y por fin llegamos a la playa.
Son apenas las diez la mañana y ya hay mucha gente. Demasiada. Familias enteras. Muy curiosas. Muchos van vestidos, se bañan vestidos, con vaqueros, con toda la ropa.
-Así aprovechan la escasez de lavadoras y matan dos pájaros de un tiro.
Es curioso, que la desinhibición, que la pulsión sexual de la que hacen gala, esa pulsión que se respira y palpita en el aire, que casi abruma… no se note aquí en la playa. ` ¡Qué tapada está la gente! Es una pena.
Los habaneros que ya beben desde este punto de la mañana, entierran las botellas en la tierra, nos miran como si fuéramos marcianos. Seguro que piensan que estaríamos mejor en Varadero
Muchos (quizás no tantos) llevan collares, gargantillas, pulseras… de oro. Se bañan con ellos. Es como si quisieran demostrar lo ricos que son. Ostentar su riqueza. (Pero no son de aquí. Viven al otro lado de la bahía, más allá del estrecho de la Florida, en Miami. Vienen, presumen, están unas semanas y luego se van). Dejan un poso de inquietud y de envidia. Otros seguirán sus pasos.
Me molesta tanta gente. Así que me voy a dar una vuelta, playa adelante. Por otras veces sé que al final de la playa siempre hay una sorpresa, Esta vez tampoco me equivoco.
Busco palabras, busco colores, busco cuerpos de delirios para contar. Voy recogiendo colores para escribir una historia. Pero no es fácil. En medio de tanta luz, alguien a lo lejos toca un adagio, como el de Albinoni, que me deja tristísimo…
Me fijo, playa adelante, en los cuerpos redondos y sinuosos de mulatas que me dejan sin aliento alguno, sin respiración posible, sin aire, sin nada…
Busco el negro y el mulato de los cuerpos de esas chicas, el verde del primer mar, el azul infinito del último, la risa blanca de niños y niñas (ente miles ninguno llora); la alegría de todos: contritos o ufanos no importa; el canto yoruba de Guillén; los amaneceres espesos de Paradiso; el barroco inmenso de Carpentier; como amanece y estalla la luz del trópico.
Busco y encuentro a raudales la fogosidad de la vida; la victoria definitiva de la luz sobre la muerte, la ardiente impaciencia de la que hablara Neruda, los versos de Rimbaud, el maldito…
Busco y encuentro la luz, el amor, la vida; la arena blanca o la arena negra; el modo de subir a un cocotero y abrir un coco para calmar mi sed. Una sed ardiente y seca, una sed húmeda. Ávida de agua, anhelante de ron. Recuerdo los besos de… ¡ay! cómo se llamaba.
Busco la silueta de un barco en el horizonte para entender por qué los cubanos siempre miran al mar… Busco una botella de ron en la arena, un cañón de azúcar, un barco de papel.. Busco…

Mis ojos están ahítos y mi mochila se ha llenado de palabras, de sueños, de colores. y de algo más.
Duxpay –así dice que se llama- ha detenido sus pasos. La he visto caminar delante de mí. Cuando paso a su lado, sigue a mi ritmo y comienza a hablarme. Regreso.
El cielo se ha vuelto amenazadoramente negro. Y miles de cubanos huyen en desbandada. Tú sigues sentada donde te dejé. Ha empezado a diluviar. Pero sigues aje a truenos, a la tormenta. A este relámpago que rompe la tarde.
Miras el mar, la playa desierta, el cielo negro… totalmente fascinada.
En el regreso vemos cientos de autobuses amarillos llenos de habaneros, de biciletas con un equilibrio imposible, de gentes que caminan ajenas a todo y al mismo diluvio.
Mientras caminan, cantan, como niños, que descubren en la lluvia el mejor de los regalos para jugar. (Esto es lo que he escrito para ti)
JESÚS ÁNGEL REMACHA -PLINIO-